jueves, 1 de diciembre de 2016

Me gusta la Historia...

...como a mucha otra gente, pero a veces me da miedo lo que se hace con ella. Conocer la Historia es la mejor forma de conocer al ser humano. Y está llena de lecciones que aprender, y paralelismos que establecer. Pero me preocupa la forma en que buscamos identificarnos con la Historia. Creo que a veces la gente se olvida de que tenemos mucho más que ver con un francés, un inglés, un alemán, un argentino o un japonés de ahora mismo que con nadie que viviera hace tres, seis, ocho o doce siglos, por muy compatriota nuestro que fuera (o que nos imaginamos que fuera). Esa perniciosa identificación permite a quienes la practican manipular la Historia para engendrar, perpetuar o resucitar odios, o alienta la estupidez de querer repetir los mapas de antaño. En ese sentido he escrito este poema, con el que igual me meto en camisa de once varas, pero me da igual. Es algo que llevo tiempo queriendo decir. No lo he escrito pensando en ofender ni molestar a nadie, pero si a alguien le ofende... igual hasta me alegro.

Imágenes: Forges







IDENTIDAD HISTÓRICA

Confieso que no aguanto la manía
de utilizar la primera persona
para citar los hechos de la Historia.
Decir "nosotros", "éramos" o "hicimos"
con acontecimientos de hace siglos
es una muy solemne tontería.
Espero que no me odiéis por decir
que "nosotros"... ¡no estábamos allí!
Si compartimos nacionalidad
con los protagonistas, ¿qué más da?
No me trago esa extraña teoría
que parece existir en las naciones
repetida con pocas variaciones:
Oh, los orígenes de nuestro pueblo
se pierden en la noche de los tiempos...
¡pero somos los mismos todavía!
Tras siglos de conquistas, invasiones,
cambios culturales y migraciones,
seguimos manteniendo "nuestra esencia".
¿De verdad soy el único que piensa
que eso es una total majadería?
Que no hay pueblos eternos ni inmutables...
¡Si no somos ni como nuestros padres!
Pero nos encanta identificarnos
con un pasado al que idealizamos.
Estamos apañados hoy en día
con la prostitución de la memoria.
¡Pues claro que hay que conocer la Historia!
Pero no idolatrarla ni adorarla
ni muchísimo menos adaptarla
para que sea como nos gustaría,
maquillando los acontecimientos
para que cuadren bien con nuestro cuento.
Es algo en lo que son especialistas
todas las clases de nacionalistas:
convertir la Historia en Mitología,
en un glorioso y épico relato
lleno de personajes legendarios
en el que luchan "malos" contra "buenos"
(los buenos, por supuesto, son "los nuestros").
¡Epopeyas de honor y gallardía!
La realidad es algo tan prosaico...
Queremos que haya épica en lo arcaico,
grandes héroes a los que admirar
y enemigos mortales a los que odiar.
¡Y el que se oponga es reo de herejía!
Justificamos los resentimientos
adjudicando a gentes de otros tiempos
motivaciones e ideas actuales.
¡Pronto dirán que los neandertales
lucharon por nuestra misma utopía!
No son más que ilusiones y mentiras.
Si te dejas de cuentos e investigas
cuáles fueron los auténticos hechos
te encuentras con fenómenos complejos,
muy alejados de esa fatua elegía.
¿Por qué sentimos la necesidad
de una vieja y mítica identidad?
Bien está recordar viejas batallas,
pero no adjudicarnos sus medallas.
Nadie que las libró nos conocía.
Y si uno, por magia, nos conociese
no sé si iba a gustarle lo que viese.
Teniendo en cuenta el tiempo transcurrido
y los enormes cambios producidos
creo que no nos reconocería.
¡Basta ya de fantasmas que añorar!
La Historia no es un modelo a imitar.
Nos dice cómo se llegó hasta aquí,
no por dónde tenemos que seguir.
Es absurdo tomarla como guía.

viernes, 14 de octubre de 2016

Contra el tabú...

...del suicidio. Ante todo, quiero decir que este tema no me ha afectado de forma directa. Sólo he conocido casos tangencialmente, así que pido disculpas si alguien que lo haya sufrido considera errónea mi forma de reflejarlo. Pero no por ello dejan de asustarme las crecientes cifras. Se hacen campañas contra el fuego, contra las drogas, contra los accidentes de tráfico, contra la violencia de género... Pero hay muchas más muertes por suicidio que por todos esos fenómenos juntos, y nada. Silencio. De vez en cuando, algún periódico publica las cifras, y eso parece ser todo. No se trata de airearlo alegremente, los psicólogos advierten que mencionar los métodos puede estimular un "efecto imitación", pero creo que el silencio y el tabú tampoco ayudan precisamente a combatir esta epidemia.

Imagen: Jared Keener



LO QUE TÚ NO PEDÍAS

No es un dato inventado:
de media se suicidan
en esta España nuestra
diez personas al día.
Diez angustias con nombre.
Diez sangrantes heridas.
Diez enfermos de tiempo,
seres que se veían
hundidos en un pozo
sin ninguna salida,
prisioneros del mundo
y de sus propias vidas.

Se fueron en un gesto
de violencia impulsiva,
con una simple nota
por toda despedida.
Y a los más allegados,
amigos y familia,
les quedaron las dudas,
la tristeza infinita,
sentimientos de culpa
que nunca se marchitan,
y preguntas que nunca
podrán ser respondidas:

¿En qué me he equivocado?
¿Ha sido culpa mía?
¿Por qué no fue bastante
lo que yo te quería?
¿Pude haberte ayudado?
¿Qué es lo que no sabía?
¿Por qué no me di cuenta
de lo que tú sufrías?
¿No viste que mi mano
siempre estuvo tendida?
¿Por qué no supe darte
lo que tú no pedías?

Los que logran matarse
son una minoría,
porque hay más de doscientos
intentos cada día.
No parece que importe,
no se toman medidas.
¿Dónde está el "bienestar"
con que se identifica
a nuestra sociedad?
No es más que una ironía.
En cada vecindario
se ocultan pesadillas.

Ellas lo intentan más.
Ellos se reivindican
más duchos en el arte
de quitarse la vida.
Pero no se habla de ello,
sus muertes no son "dignas".
Se hacen pocos estudios
que apenas se coordinan.
Es un tema "molesto",
y el tabú facilita
que sigan las preguntas
resonando a escondidas:

¿En qué me he equivocado?
¿Ha sido culpa mía?
¿Por qué no fue bastante
lo que yo te quería?
¿Pude haberte ayudado?
¿Qué es lo que no sabía?
¿Por qué no me di cuenta
de lo que tú sufrías?
¿No viste que mi mano
siempre estuvo tendida?
¿Por qué no supe darte
lo que tú no pedías?

Si acaso vives preso
de la melancolía,
no te ahogues en mares
de rabia contenida.
Si tu historia es tan triste,
permítenos oírla.
No pienses que nos manchas
ni que nos contaminas.
No hagas caso a esa mezcla
de orgullo y cobardía
que no te deja hablar
cuando lo necesitas.

Tantas redes sociales,
tantas caras amigas,
tanto WhatsApp y Facebook
y tanta tontería...
Rodeados de pulcras
y brillantes sonrisas
la soledad se extiende,
y hay almas que agonizan,
cotidianos infiernos
que el silencio eterniza.
Y fluyen las preguntas
cien veces repetidas:

¿En qué me he equivocado?
¿Ha sido culpa mía?
¿Por qué no fue bastante
lo que yo te quería?
¿Pude haberte ayudado?
¿Qué es lo que no sabía?
¿Por qué no me di cuenta
de lo que tú sufrías?
¿No viste que mi mano
siempre estuvo tendida?
¿Por qué no supe darte
lo que tú no pedías?

El paro, los desahucios,
divorcios que terminan
con un hombre sin casa,
sin hijos y en la ruina,
mujeres maltratadas,
desamor, apatía,
el acoso escolar...
Los motivos varían,
pero las muertes siguen:
diez personas al día.
Y nadie las recuerda.
Y nadie las olvida.

domingo, 11 de septiembre de 2016

Pequeña reflexión sobre el "burkini"

De las discutidas (y horrorosas) prendas islámicas la única que yo prohibiría sin dudar es el "burka", no por islámica sino porque sencillamente es un atentado a la dignidad humana, con lo que el debate sobre si es una "opción" o una "imposición" resulta irrelevante. En cuanto al famoso "burkini", yo creo que se puede ser más creativo. Nada de prohibirlo. Todo lo contrario, autorizarlo. Y al mismo tiempo, en las mismas playas, autorizar la práctica del nudismo. ¿Soportarán los musulmanes más recalcitrantes que sus hijas, hermanas, esposas y madres acudan a playas donde se pueda ver a hombres adultos desnudos? Sospecho que no. Pero si aun así hay mujeres musulmanas que van a esas playas, estarán demostrando que efectivamente tienen libertad de elección, y por tanto nadie podrá poner ningún problema a que vistan el "burkini" si quieren.




domingo, 4 de septiembre de 2016

Lo mío, lo nuestro, los nuestros...

Lo advertía el filósofo George Steiner en una reciente entrevista: "Me pregunto qué va a pasar con el fenómeno de las estructuras políticas en sí mismas. Triunfan por todos lados el regionalismo, el localismo, el nacionalismo... vuelve el villorrio". Así es, y no creo que haga falta mencionar ejemplos, los conocemos todos.

Imagen: fotograma de la película "Lord of the Flies" (El Señor de las Moscas), adaptación de la novela homónima de William Golding, dirigida por Peter Brook en 1963.





TRIBUS

Parece ser que vuelve el tribalismo.
Vuelven a proclamarse las esencias.
Vuelven a afirmarse las diferencias.
Vuelve a escucharse el viejo "no es lo mismo".

Intolerancia, fe y nacionalismo
demuestran otra vez sus inclemencias
y nutren de odio y miedo las conciencias,
agrupadas en clubes de egoísmo.

Porque hay temores ciertos y precisos,
temores que creíamos extintos,
que despiertan atávicos instintos

y olvidando leyes y compromisos
nos inventamos falsos paraísos
donde no tengan sitio los distintos.



domingo, 24 de abril de 2016

De la percepción de la realidad...

"Mire vuestra merced", se acaban de cumplir 400 años de la muerte de Miguel de Cervantes, así que he decidido unirme al homenaje con este doble soneto que habla de lo repleta de fantasía que puede llegar a estar nuestra percepción de la realidad. El autoengaño (¿real o fingido?) está de moda, señores.

Vídeo: fragmento del capítulo 4 de la serie de dibujos animados "Don Quijote de la Mancha", dirigida en 1979 por Cruz Delgado.




¿QUIJOTESCOS?

I
A pesar de advertirle Sancho Panza
que aquello eran molinos en verdad,
Don Quijote, ciego a la realidad,
veía gigantes en lontananza.

La resaca de la falsa bonanza
ha traído tanta mediocridad
que se han hundido en la banalidad
las ideas de cambio y de esperanza.

En estos tristes tiempos que vivimos
lo absurdo se acepta como normal;
banderas, fes y dogmas esgrimimos,

cada uno en su fantasía virtual,
mientras con arrogancia le decimos
adiós al pensamiento racional.

II
Aunque la realidad es muy tozuda,
y contra ella solemos estrellarnos,
nos resulta fácil autoengañarnos
hasta despejarnos de cualquier duda.

En eso nuestra mente es muy aguda,
en racionalizar para aliviarnos,
para que no tengamos que culparnos
ni enfrentarnos a la verdad desnuda.

Don Quijote se entrega a su ideal,
son sinceros su honor y valentía.
Él no es calculador en su moral

como nuestros Quijotes de hoy en día
que le igualan tan sólo en lo habitual
de mezclar realidad y fantasía.



miércoles, 17 de febrero de 2016

El pacto abstracto...

 Hacía tiempo que no usaba la cuaderna vía, y ya iba siendo hora. Nada, esta vez he querido reírme un poco de la actualidad política española, que sigue tan surrealista como siempre.

Imagen: Ferrán Martín




LAS INQUIETUDES DEL CANDIDATO SÁNCHEZ

Me llamo Pedro Sánchez, y soy inteligente
o eso me creo, porque no soy muy convincente.
Pero ¿por qué razón no me votó más gente?
Si soy guapo y encima… ¡insulté al Presidente!

¡Mira que son difíciles los votantes de ahora!
La gente en mi Partido con gran tristeza añora
las amplias mayorías que logramos otrora.
Mi saldo electoral ninguno lo empeora.

Con tan escasos mimbres, debo intentar un pacto
y montar un Gobierno que tenga un gran impacto,
sin hacer concesiones de las que el artefacto
del Partido me obligue a decir: “¡me retracto!”

Intentaré un acuerdo primero con Rivera,
que parece el más serio, al menos desde fuera.
Usaré mis encantos, a ver si consintiera.
Lo ciertos es que estos días… ¡parezco una ramera!

Este de Ciudadanos es un poco exigente.
¿Lo que quiere es un pacto, o ser mi pretendiente?
Si al menos con su apoyo, me fuera suficiente...
Pero para el acuerdo, necesito a más gente.

Con el de la coleta no se puede ni hablar
y eso que el tío tiene ansias de gobernar,
pero es que sólo sabe exigir y mandar.
¿Sabrá el significado del verbo “negociar”?

Los independentistas se me parten de risa.
Les importa un comino el que yo tenga prisa.
Ponen el referéndum como odiosa premisa,
y se quedan mirando con perversa sonrisa.

Con los del PNV, tampoco hay un buen plan.
Aunque parece majo, Urkullu es un truhán.
Cada vez que le ofrezco que partamos el pan
el hombre va y me pone cara de catalán.

Y ni siquiera IU las cosas facilita
y nos da, como siempre, en la espalda cremita.
¿Qué error he cometido, oh situación maldita,
para que tampoco estos me den la palmadita?

Nada, que no hay manera. ¡Qué horror, me siento un paria!
Una cruel aritmética es la parlamentaria.
Con la Cámara Baja tan rota y fragmentaria
cualquier cosa que logre será siempre precaria.

En este maremágnum, ya sólo me consuela
lo mal que está Mariano. Lo suyo tiene tela.
El pobre cada día prende una nueva vela
a San Judas Tadeo, pero aun así no cuela.

La verdad, me parece que voy a hacer lo mismo.
Esto no hay quien lo cuadre, yo busco un espejismo.
Mas no me queda otra que enfrentarme al seísmo:
O acabo Presidente, o acabo en el abismo.

miércoles, 10 de febrero de 2016

Los que "no hacen nada"...

...que siempre son muchos. Los que se quedan mirando. Los que disfrutan del espectáculo. Los que callan. Tenía la idea de un poema así rondando por el fondo de mi cabeza y acontecimientos recientes han hecho que al final salga. Un chaval habla con sus padres sobre algo que ha ocurrido. Estrofas de cuatro versos hexasílabos con rima consonante.
¡Más de un año sin postear! Qué barbaridad. Gracias a los que me lean.


Imagen: Lance Neilson




YO SÓLO MIRABA

Os digo que no,
que no he sido yo.
Sé lo que pasó,
pero no fui yo.

Fueron los matones,
los tres abusones
que a mí en ocasiones
me han dado empellones.

Sí, en el aulario
era algo ordinario.
Le daban a diario,
por estrafalario.

¡Es que era un huraño!
Era un chico extraño.
Pero no os engaño,
yo no le hice daño.

Yo no le empujaba.
Yo no le insultaba.
Yo no le pegaba.
Yo sólo miraba.

Yo no le escupía
ni le perseguía.
Sólo me reía
cuando lo veía.

Era divertido
verle compungido,
temblando encogido,
llorando y perdido.

No, no estoy contento.
¡Claro que lo siento!
De verdad, no os miento.
Sí que lo lamento.

Sé que varios guajes
le enviaron mensajes
con burlas y ultrajes
y le hacían chantajes.

¿Los profes? Pasaban.
Nunca se enteraban.
O tal vez pensaban
que sólo jugaban.

Nadie le ayudaba
ni le consolaba.
Nadie se acercaba.
Él siempre lloraba

igual que una chica.
Él era un quejica.
Él era un marica.
¿Ser yo un acusica?

¿Y pagar yo el pato?
¡No soy un chivato!
Si yo los delato
luego a cada rato

me iban a joder.
¿Yo qué iba a poder?
Yo debía hacer
como todos: ver

y callar, sin más.
¡Como los demás!
¡Como los demás!
No pensé jamás

que habría tal suceso.
Mamá, dame un beso.
No me digáis eso,
que parezco un preso.

¿Nunca volverá?
Ya lo sé, mamá.
Por favor, papá.
¡Parad! ¡Basta ya!

Papá, estás gritando
y yo estoy llorando.
No estáis escuchando.
¡Os lo estoy contando!

¡Que ya os lo he explicado!
No soy un malvado.
Si se ha suicidado,
yo no le he obligado.

¡No digáis que sí!
¡Que yo no le di!
¿Que lo consentí?
Sí, yo estaba allí.

¿Que la culpa es mía?
¿Porque lo veía
sufrir cada día
y hasta me reía?

¿Porque no hice nada?
¿Por dar la callada
por respuesta a cada
insulto y patada?

¿Que soy peor incluso
que los del abuso?
¿Que le predispuso
el verse secluso,

que todos callaran,
que le marginaran,
que le arrinconaran,
que le abandonaran?

Pero no pensaba...
Yo no imaginaba...
Yo sólo miraba...
Yo sólo miraba...